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Conoce el Antes y Despues de una Monja Budista

Sabrina Díaz Virzi

En mayo del año pasado, Kelsang Rinchung se convirtió en la primera monja budista de tradición kadampa ordenada en Argentina. Para esto, dejó atrás su nombre “español”, se rapó y usa túnicas a diario. A los 35 años, dice que sólo quiere ser feliz y ayudar a los demás. Formará parte del evento “Meditar para ser feliz”, que se hará el sábado 18 de mayo en el Paseo La Plaza.

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Hasta hace un año, Kelsang Rinchung tenía un nombre más fácil de escribir. Se lo habían puesto sus padres, de tradición católica, cuando ella nació hace 35 años en Buenos Aires. Pero desde que se ordenó como monja budista, su vida cambió radicalmente. No sólo dejó atrás su nombre “español” (que no quiso revelar), sino que se cortó el pelo muy corto y prometió no formar pareja ni tener relaciones sexuales, entre otros compromisos. El 16 de mayo de 2012 se convirtió en la primera monja budista ordenada en Argentina de tradición kadampa (una tradición de budismo Mahayana fundada por el maestro indio Atisha en el siglo X).

Se describe como una persona que siempre se interesó por el desarrollo de la persona y por la ayuda al prójimo. A los 18 años conoció un grupo que practicaba el budismo: fue una de las primeras semillas que sembraron su inquietud espiritual. Después de probar opciones que la llevaron por “caminos incorrectos”, a los 24 años se fue del país para, entre otras cosas, buscar a su guía espiritual. “Me fui a España y luego un mes a Inglaterra, donde me propuse visitar todos los centros budistas”, cuenta. Pero su indagación fue muy corta: cuando superó cierto miedo a lo desconocido, fue a un centro que quedaba muy cerca de su casa y cuando llegó y escuchó la primera enseñanza, sintió que “había llegado a casa” y no fue a otros centros budistas.

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Estudió las enseñanzas del maestro Gueshe Kelsang Gyatso y el año pasado se convirtió en monja budista de la tradición kadampa. ¿Qué significa esto? “Esta tradición propone el camino a la iluminación. Todos los seres sintientes, incluyendo a los animales, tienen el poder de alcanzar la iluminación, es decir, una paz interior muy profunda y suprema, una verdadera felicidad. El camino a la iluminación es para todos, no es necesario hacerse monje”, explica Kelsang Rinchung.

Al ordenarse como monje budista en esta tradición, la persona cambia tres cosas: el nombre, el aspecto físico (por eso se rapan el pelo) y la mente. “Uno puede cambiar externamente, pero si los cambios no se producen en el interior no tiene sentido, son cambios superficiales. Pero el cambio externo ayuda mucho al interno. Cambiar de nombre significa que la persona que yo era desapareció y surgió alguien nuevo. Además, tiene un significado muy profundo, entré en la familia de mi maestro”.

De tiempo completo

Cada mañana, Kelsang Rinchung vuelve a tomar sus compromisos, “son como guías que te ayudan a ser buena persona. Por ejemplo, uno de ellos es hacer felices a los demás mostrando una cara sonriente y hablando con destreza”. Luego, hago mi práctica de meditación y oraciones y durante el día trabajo en el centro, para el beneficio de los demás. A la noche, evalúo cómo estuvo mi día ‘mentalmente’ y hago una práctica de purificación. Es una práctica, todo el tiempo observo mi mente. En cuanto surge una mente negativa, la reconozco y me digo ‘basta, no sigas por este camino’”.

Otro de los compromisos que se toman en la ordenación como monje es no mantener relaciones sexuales ni formar pareja: “Uno decide seguir el camino espiritual al 100%: desarrollar su propia mente, cultivar el interior y eliminar todas estas mentes negativas que no nos permiten ser felices. Formar una pareja y una familia es precioso, pero lleva mucha energía. Yo sentí que para seguir el camino espiritual quería estar dedicada por completo a esto”.

Dice que uno de los principales cambios que descubrió al hacerse monja es sentirse un objeto de fe: “El otro día en el subte una señora me miraba y me sonreía. Yo la miré y le sonreí. ‘Sos religiosa, qué lindo’, me dijo y me sonrió durante todo el viaje. Me doy cuenta del valor que tiene y cuánto inspiro a los demás”, comenta. Pero no todo el mundo entiende sus cambios, no es común que una mujer tenga el pelo tan cortito o vista túnicas, incluso suelen confundirla con un varón. Con su familia tuvo que transitar un proceso largo de aceptación. “Fue un shock. Imagino que cuando me ordené sentían que perdían a alguien, pero ahora se dan cuenta que no. Hoy sigo muy cercana a ellos y como me ven feliz, eso ayuda mucho”.

Ella asegura que, si bien las monjas pueden verse como algo antiguo, ella no lo vive así: “Nosotros funcionamos en esta sociedad, no nos recluimos en un monasterio. Uno integra su práctica espiritual en donde uno vive”.

Además de monje, Kelsang es maestra budista y formará parte del evento “Meditar para ser feliz”, que se hará el sábado 18 de mayo en la Sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza (Corrientes 1660) de de 9.30 a 13 horas. Sus enseñanzas, así como las del maestro Guen Togden, estarán basadas en el libro “Mahamudra del Tantra” sobre los tres niveles de mente (burda, sutil y más sutil) y cómo usar ese conocimiento para ser feliz.

“Quiero cultivar lo que verdaderamente vale la pena, los valores internos. Quiero llegar a los 70 años y ser una persona feliz y transmitir esa felicidad a los demás. Quiero vivir una vida con significado, y darle valor a las cosas que realmente importan”. Con túnica, o sin ella, es una meta deseable para todos. Sólo que a veces la perdemos de vista.

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beyonce
Todo llega a quien sabe esperar
05.22.2013 21:00 (05.22.2013)
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