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Crees tu que el clima,,puede influir en nuestro estado de animo..aqui te decimos

Sabrina Díaz Virzi 
sdiazvirzi@agea.com.ar / @sabridiaz

Suena el despertador, abrís un ojo a medias y ves un rayito de sol que entra por la ventana y se refleja en el placard de tu cuarto. No necesitaste frazadas ni cobertores para pasar la noche (el clima se sentía agradable), por lo que levantarte de la cama no te cuesta tanto: corrés la sábana y vas descalza directo a la ducha. Al día siguiente, cuando el “riiing” hace su primera aparición, escuchás truenos y una copiosa lluvia. Bajó la temperatura del ambiente, te encontrás acurrucada y tapada hasta la nariz con un par de mantas que tenías a mano durante la noche. La sola idea de sacar un pie te da escozor y la cabeza se inunda con la idea de que vas a llegar empapada (y más tarde) a la oficina. No sos la única, casi todos sufrimos las alteraciones bruscas del clima.

La genética, el estado de salud general y la presencia de alguna enfermedad o patología influyen en cómo nos afecta el estado del tiempo. “Evolutivamente, nuestras defensas responden ante los cambios con un mayor empeño del sistema hormonal, pero cuando ocurre una variación brusca en la temperatura, la presión o humedad, el organismo acusa estos excesos, lo que dispara el riesgo de accidentes cardiovasculares y cerebrales, crisis asmáticas, melanomas, alergias, cólicos renales y trastornos anímicos, entre otros”, explica a Quo.es el psiquiatra Antoni Bulbena, responsable del Servicio de Psiquiatría del Hospital del Mar de Barcelona, España.

Las personas buscan cierto “confort climático”, es decir, estar satisfechos con el ambiente térmico en relación a ciertos parámetros de temperatura (20-25ºC), humedad (40-70%), presión (1.013,2 mb) y velocidad del aire (0,15-0,25 m/s). ¿Qué sucede cuando este confort se ve alterado? “Se comprobó que determinados cambios bruscos de temperatura, presión atmosférica y humedad ambiental, cuanto mayor sean, más cambio y alteraciones provocan en el sistema nervioso y vascular de los pacientes”, dice Javier López del Val, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Clínico Universitario de Zaragoza, España, a SoloCiencia.com.

La licenciada Carmela Rivadeneira, del Centro de Terapia Cognitivo Conductual y Ciencias del Comportamiento (CETECIC), explica a Entremujeres que “se sabe que el clima frío retrasa el metabolismo. Es por eso que, en invierno, uno termina de comer y tiene muchas ganas de irse a dormir y el ánimo baja un poco, se torna más alicaído. En cambio, en verano el metabolismo está más acelerado: en general, el ánimo mejora y la gente se motiva a realizar ejercicios al aire libre”.

El clima, además, está relacionado a distintos aprendizajes: “Hay gente que prefiere un día lluvioso y hay gente que no; esto depende, entonces, de los gustos particulares de una persona (puede ser que un día de lluvia genera más desánimo en una persona que en otra)”, dice Rivadeneira. Y agrega: “Lo que sí está muy estudiado es que hay una fuerte influencia estacional en algunos trastornos del estado de ánimo, como el trastorno bipolar: en algunas personas que lo padecen se puede ver una diferencia anímica muy marcada en verano que en invierno, independientemente si ambos climas provocan depresión o manía”.

 

Día oscuro… ¿Ánimo gris?

Según un estudio -publicado en Nature Scientific Reports y divulgado por Quo.es-, el viento transporta un agente nocivo que provoca el síndrome de Kawasaki, una enfermedad poco común en los niños que involucra inflamación de los vasos sanguíneos y se presenta con mayor frecuencia en Japón. Por otro lado, hay investigaciones que vinculan un aumento de las urgencias psiquiátricas en días nublados o lluviosos, así como un crecimiento de los delirios con una humedad superior al 60% y los trastornos obsesivos compulsivos con temperaturas que superen los 30ºC.

“Se sabe -aunque también es difícil de probar- que existe un cambio anímico en el momento previo a las tormentas. Aparentemente, hay un fuerte aumento del ozono y de los iones negativos del aire antes de una fuerte tormenta y esto se percibe notoriamente en la inflamación de los músculos, en los huesos, en los bronquios y en el ánimo. Esto suele provocar irritabilidad”, dice la licenciada.

En relación a la influencia de los cambios climáticos en el estado de ánimo, Rivadeneira explica que pueden detectarse algunas generalidades. A saber:

* Los días de lluvia pueden provocar tristeza en algunas personas. Si estos días se extienden demasiado, podrían eventualmente provocar cierta depresión, sin llegar a un diagnóstico, pero sí un ánimo muy caído.

* Las altas temperaturas generan cierta euforia, pero si la persona está en una pileta o en el mar, definitivamente la pasará mejor. Por el contrario, las altas temperaturas sin agua cerca, también provoca bajones, sobre todo, relacionado a la pérdida de sal y baja presión, por lo que, en esos casos, el fenómeno es psicofísico; cuando hace mucho calor también notamos que las personas están más susceptibles e irritables.

* Los vientos fuertes son muy incómodos. Cuando uno está en la playa y el viento se torna insoportable, suele provocar mucho malestar y mal humor.

* El frío intenso, en un comienzo, provoca hiperactividad (como un intento de entrar en calor) y, si persiste y no hay modo de abrigarse, provoca sueño y bajones.

De todas maneras, la licenciada aclara que todas estas características estás sujetas a gustos y costumbres y están muy relacionadas al confort: “Hoy por hoy, una persona puede decir que le encantan los climas muy fríos, pero porque puede estar calentita en su casa. No diría lo mismo una persona cuya casa es una heladera”.

 

Predecir el tiempo, anticipar el humor

Al tener en cuenta estas características, podemos decir que los efectos del clima sobre la salud humana se pueden “predecir”. Esto permite, justamente, prevenir las consecuencias negativas de los cambios de tiempo. Por ejemplo, la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica registra y muestra en un sitio web el nivel de polen en el aire, lo que permite alertar a los pacientes sensibles sobre las medidas a tomar.

En este sentido, la licenciada dice que, “así como es difícil controlar el clima, no es tan fácil entonces controlar las posibles influencias del mismo en nuestro ánimo. Es cierto que saber este hecho puede regular un poco la intensidad de la sensación y se puede hacer algo para modificarlo, ya que dependerá de nuestra acción. Por ejemplo, cuando llueve muchos días seguidos en vacaciones, está en nuestra elección amargarnos o irnos a comprar un cubilete o un mazo de cartas y organizar una linda competencia con la familia. Desde ese punto de vista, siempre habrá algo para hacer que mejore muestro ánimo, más allá del clima”.

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03.17.2013 15:53 (03.17.2013)
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