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Decir “no”, ¿por qué es tan difícil para nosotras?

Tu jefe te encarga una tarea que no te compete diez minutos antes de que termine tu jornada. ¡Hoy justo que tenías una cita al salir del trabajo! Pero en lugar de explicarle que no puedes, aceptas el encargo. Anteayer, un amigo te pidió un favor. Era el quinto en el mismo mes, pero volviste a decir que sí. Y el sábado fuiste incapaz de decir que no a tu pareja cuando te propuso salir a cenar y a bailar aunque lo que realmente deseabas era quedarte en casa leyendo. ¿Por qué anteponemos las necesidades y deseos de los otros a los nuestros? Los expertos dan algunas claves.

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En el caso de algunas mujeres, se trata de “una necesidad de ser necesitadas y temen que decir ‘no’ pueda traer como resultado el abandono o el rechazo de los demás”, explica la psicóloga Elizabeth Waterman, especialista en desórdenes de personalidad y adicciones en los Centros de Salud Mental Morningside Recovery de California.

Modelos complacientes

La dificultad para decir “no”, según explica esta psicóloga, puede encontrar un porqué en “desequilibrios de poder” percibidos por algunas mujeres. Desde “el miedo a las consecuencias si dicen ‘no’, la falta de habilidad para establecer límites con los demás y consigo mismas, la baja autoestima o el hecho de que nunca se enseña a decir ‘no’ durante la infancia”, todos ellos son factores determinantes en esta conducta, apunta Waterman.

Para la psiquiatra Carole Lieberman, autora de varios libros sobre mujer y relaciones de pareja, algo que puede marcar la conducta es “el modelo de una madre complaciente” durante nuestra infancia.

“Cuando las niñas crecen, ven a su madre como un modelo a seguir. Ven todo lo que hace, desde el color del lápiz de labios que lleva, a lo que cocina, a cómo se comporta con los demás”, señala Lieberman a Yahoo Mujer.

“Al igual que les gusta probarse los zapatos de mamá, también les gustar probar sus comportamientos”, agrega. Por lo tanto, “si una niña ve que su madre hace las cosas para agradar a otras personas, incluso si esto significa sacrificarse consigo misma, la pequeña crece pensando que es lo que se supone debe de hacer”.

Mayor dificultad, mayores probabilidades de desgaste

El problema, según Waterman, es que “cuando una persona tiene dificultad para establecer límites o para decir ‘no’ a los demás, es propensa a asumir más demandas y responsabilidades de las que es capaz de manejar”.

Esto, de acuerdo con la especialista, “puede traer como resultado un exceso de trabajo, síndrome deburnout, una caída en los niveles de energía, motivación y placer en la vida”. Además, agrega, “asumir más demandas de las que se pueden gestionar con eficacia puede recaer en una menor tolerancia a la frustración, irritabilidad, agitación, y un nivel no saludable de ansiedad”.

Aprender a equilibrar las prioridades (las propias necesidades) y demandas (las necesidades de los otros) es por tanto, muy importante, indica esta experta, “ya que evita que se acumule un resentimiento hacia los demás y el desgaste en las relaciones y en el trabajo”, asegura Waterman.

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¿Cómo se aprende a decir “no”?

A decir “no”, según los expertos, se aprende entrenándose, ensayando respuestas y técnicas para salir de diferentes situaciones que puedan plantearnos.

Muchas de las estrategias son válidas también para resolver dificultades cotidianas en las que hemos de defender nuestras posiciones y queremos hacerlo con el menor coste emocional posible. Las opciones son diversas, tanto en complejidad como en finalidad, y cada uno debe elegir la que mejor se adapte a su forma de ser y a las circunstancias concretas.

La consejera Lynn A. Robinson, especialista en temas de intuición, sugiere en el portal de psicologíaPsych Central una batería de técnicas para salir del paso. Te enumeramos algunas:

- "Déjame pensarlo y te respondo". Escribe esta declaración en notas post it y pégalo en el teléfono y la computadora de tu casa y oficina. No dar una respuesta inmediata te permite un poco más de tiempo para pensar y aclararte sobre si es algo que realmente quieres hacer. Si llegas a la conclusión de que juega en tu contra, tendrás tiempo suficiente para encontrar una salida airosa del compromiso.

- Decir “no” sin decirlo. Piensa en situaciones o personas con las que tienes dificultades para decir “no”. ¡Sé sincera! La verdad es siempre la mejor manera de rechazar una solicitud que no se ajusta a tu energía, tus intereses o tu tiempo. Hay muchas maneras de decir “no” sin decirlo. Éstas son algunas: "No puedo hacer esto (X), pero estoy feliz de ayudarle con (Y)", "Lo siento, tengo otras prioridades en este momento", "Ahora estoy sobrecargada. Después de (fecha) voy a tener mucho más tiempo disponible”. ¡Crea tu propia lista de respuestas!

- Disminuye los "debería". Muchas de nosotras estamos asediadas por lo que creemos que debemos hacer frente a lo que queremos hacer. Si tu vida se llena de muchas situaciones "debería", presta atención. ¿Qué te estás diciendo a ti misma? Cuando te sorprendas diciéndote “debo de hacer esto o aquello”, ¡detente! Es hora de un cambio. Empieza a ver quién o qué te da energía. ¿Qué esperas? Date permiso para hacer más de lo que te hace sentir vital y menos del “debería”.

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11.13.2013 09:55 (11.13.2013)
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