Descripción
El juego fortalece la comunicación con los hijos

El juego es una necesidad, jugar es necesario para el niño y el adulto, aunque para cada uno tiene un significado distinto. 

En el adulto, el juego implica distracción, entretenimiento y descanso, un tomar distancia de sus preocupaciones, ocupaciones, un “perder el tiempo” de sus obligaciones de adulto para “ganarlo” en placer.


Para el niño, el juego es una función básica, un comportamiento que mezcla sus percepciones, su sensibilidad, motricidad, inteligencia, afectividad y comunicación. 
No es un simple pasatiempo ni una distracción pasajera, mucho menos una pérdida de tiempo, como muchas veces creen algunos padres.


Al niño le hace falta jugar, solo o con otros, con o sin juguetes, pero jugar; para él, el juego tiene una doble función: por un lado de aprendizaje y por otro, terapéutica. 
Mediante el juego el niño aprende a conocer el mundo de los objetos, a sí mismo y a los demás; al principio es individualista, lo que más tarde se transforma en aprendizaje de la convivencia, que le prepara para la vida en comunidad. 


A través del juego el niño se prueba a sí mismo, a sus facultades y capacidades en desarrollo. 
Por medio del juego el niño expresa sus necesidades y deseos; revela temores y estados de ánimo que no puede comunicar a los demás directamente; descarga ansiedades y tensiones que no puede exteriorizar de otro modo.

Aprendizaje de valores y reglas 

Imprescindible resulta también el hecho de que el niño, desde muy pequeño, aprenda a ganar y a perder en el juego; así, se prepara para trasladar y aplicar este aprendizaje a la vida cotidiana. 
Es muy común que el adulto, amparado en expresiones tales como “pobrecito, es tan chiquito” engañe al niño haciéndole creer que es capaz y puede ganar siempre, de ese modo, se alimenta una falsa omnipotencia que finalmente le traerá enormes trastornos en su vida individual y social cada vez que realmente le toque perder. 
El juego es una actividad primordial para el desarrollo del niño. Es indispensable tener presente que la salud mental y emocional de todo niño depende del marco dentro del cual los padres le permitan crecer y jugar.

La participación del adulto

» Así como aprende jugando, también tiene que aprender a jugar, es el adulto quien debe hacérselo posible, con explicaciones acorde a su edad.

» Existen juguetes específicos para las distintas edades, el niño puede jugar con cualquiera de ellos, siempre que no signifique un peligro para él.

» Lo importante es que el adulto no dirija su juego, y lo obligue a jugar de tal o cual modo, según “corresponda” a lo que tenga en las manos. 

» El niño, sobre todo el pequeño, necesita tocar los objetos para descubrir por sí mismo cómo son, qué puede hacer con ellos y para qué pueden servirle. 

» Darle el juguete adecuado para que el niño lo utilice de acuerdo a sus necesidades y sin exigirle limitaciones erróneas es responsabilidad exclusiva del adulto. 

» El niño, sobre todo el pequeño, necesita tocar los objetos para descubrir por sí mismo cómo son, qué puede hacer con ellos y para qué pueden servirle.

EL EXPERTO

Es importante considerar el error que muchas veces cometen los padres cuando obligan al hijo a compartir juegos y juguetes en un tiempo en el que aún no está preparado para el juego social. Antes de los 3 años el niño disfruta jugando solo, o en compañía de alguien, pero sin compartir y es preciso que no se lo exija hacerlo.

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01.11.2013 · De Betzy
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11.05.2013 09:56 (11.05.2013)
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