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Jardines maternales en las empresas para Ellas..enterate

Si bien existen empresas que contemplan la creación de jardines dentro de las instalaciones o su compensación en dinero, esto no está garantizado por la ley, ya que el artículo que lo preveía (de 1974) no está reglamentado. Especialistas compartieron su opinión sobre las ventajas que acarrea la inclusión de los mismos y coinciden que no son sólo los empleados los que salen beneficiados. Un tema pendiente.

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Cuando llega el momento tan esperado de ser madres, muchas mujeres se enfrentan al desafío de reorganizar sus rutinas y equilibrar su vida profesional con su reciente maternidad. Las licencias contemplan sólo los primeros meses de vida del bebé y, cuando su puesto laboral ya las espera de vuelta, el pequeño aún requiere muchos cuidados y atenciones. Poder amamantarlo o verlo en las horas de almuerzo llena el corazón de cualquier madre y aleja las posibles “culpas” y dificultades de dejarlo al cuidado de otros por unas horas. Las guarderías o jardines materno-paternales en las empresas resultan una opción interesante para los padres y las instituciones, pero esto no está hoy garantizado por la ley argentina.

 

Qué dice la ley

En el artículo 179 de la Ley de Contrato de Trabajo dice que “en los establecimientos donde preste servicios el número mínimo de trabajadoras que determine la reglamentación, el empleador deberá habilitar salas y guarderías para niños”. Es decir, la Ley, del año 1974, contempla esta obligación del empleador, pero el artículo nunca fue reglamentado.

“Esta norma es lo que, en derecho, se llama norma en blanco, o sea, que la supuesta beneficiaria de la norma (la mujer trabajadora) no puede exigir su cumplimiento”, explica el abogado especialista en Derecho del Trabajo Marcelo G. Aquino, socio local de Baker & McKenzie, uno de los estudios laboralistas de empresas más importantes de Argentina.

Si bien no está reglamentado, existen Convenios Colectivos de Trabajo que prevén esta obligación al empleador. Estos acuerdos mejoran los derechos que establece la ley (no los puede empeorar). Alejandra Angriman, Secretaria de Género de CTA Nacional, agrega que, debido a este vacío legal, la implementación de los jardines materno-paternales pasa a ser una decisión de las empresas o de los convenios colectivos de trabajo que “ocurre principalmente en las multinacionales, por la tradición de sus casas matrices, pero no es frecuente”.

Por otra parte, en aquellos lugares con poca concentración de mujeres en el mismo predio o con poco lugar, hay empresas que, para cumplir con el convenio, reintegran el gasto de la sala maternal a la trabajadora. El abogado Matías Pérez Carrasso, especializado en educación y miembro de la Asociación de Abogados de Buenos Aires, dice que “una parte de las empresas que tienen registrado a su personal en la seguridad social asume el costo de guardería. El resto evita ese costo y sus trabajadoras deben cubrir el gasto en forma total o parcial (en muchos casos, con apoyo de la obra social o el sindicato respectivo)”.

 

Por qué es bueno tenerlos cerca

Cuando las mujeres se convierten en madres se ven enfrentadas a un dilema, originado principalmente por los cambios en la organización familiar y su inclusión en el mercado laboral. Si bien, por un lado, se sacraliza la maternidad y la lactancia materna, por el otro, la mujer generalmente no tiene a su alcance los recursos necesarios para desempeñarse con plenitud en su profesión mientras cuida a sus hijos. Su pareja puede compartir las tareas, pero es ella la que les da el pecho y no se puede dar de mamar a distancia. Esto genera que algunas posterguen su decisión de ser madres o, por el contrario, demoren o abandonen su carrera profesional.

Mientras la prolongación de la licencia por maternidad se propone como una de las opciones que permitan proteger la función materna, las guarderías se constituyen como una alternativa para volver pronto al trabajo, manteniendo los chicos cerca. Para la licenciada Andrea Gómez, la existencia de jardines maternales en las empresas (o que éstas cubran los gastos) facilita mucho las cosas y propicia la lactancia y el vínculo entre ambos, tan importante para el desarrollo subjetivo y psíquico de ese niño o niña: “A la mujer se la debe dejar salir y encontrarse con su bebé las veces que lo necesite, no sólo cuando la llamen porque algo pasó en la guardería. La cercanía facilitaría ésto y, además, evitaría a muchas mujeres sentirse entre la espada y la pared a la hora de reintegrarse al trabajo. Muchas mujeres desean volver a trabajar y se sienten ‘culpables’ por dejar a sus hijos”.

Jimena Méndez es coordinadora en el departamento de Recursos Humanos de Kraft Foods, tiene dos hijos y está embarazada de 7 meses. Su primer hijo, Santiago (hoy, de 7 años), fue a la guardería de la empresa desde los 2 años y Ramiro asiste hoy a la sala de 4. “Mi tercer hijo también concurrirá al jardín a partir de marzo de 2012, en sala de bebés”, anuncia. Sobre su experiencia con la guardería en la empresa, Jimena comentó que lo único que ve como desventaja es que “los chicos cumplen el mismo horario laboral que la madre (de 9 a 18 horas), el cual a veces se extiende (por diferentes motivos) y eso, en el transcurso de un año, es muy cansador para los chicos”.

El abogado Aquino destaca que la instalación de un establecimiento educativo en el mismo predio fomenta un mayor sentido de pertenencia de las trabajadoras con la empresa. En concordancia con esto, la psicóloga y directora de Espacio La Cigüeña, Marisa Russomando, agrega que “su productividad será mayor si está en el trabajo con la estructura doméstica resuelta y apuesta a su permanencia luego de la adaptación de su hijo al espacio. Los jardines empresariales tienen la particularidad de responder a las necesidades e idiosincrasia de una población con características similares por trabajar en el mismo lugar”.

 

Las mujeres, el trabajo, la crianza… ¿Y los papás?

A pesar de los avances hacia la equidad de género, la creencia de que las madres deben ser las principales cuidadoras de niños y niñas se encuentra, todavía, fuertemente arraigada. De hecho,el 75% del cuidado infantil está a cargo de las mujeres, según una investigación de UNICEF, el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) y el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES).

Un reporte de la Fundación Observatorio de la Maternidad indica que las mujeres con hijos a cargo sufren las “desventajas por la maternidad” en el mercado laboral, lo que no sucede con los hombres que conviven con hijos. Esto es así porque, mientras la trayectoria de la inserción de los varones en el mercado de trabajo es permanente, la de las mujeres está condicionada por el rol que desempeñan en el hogar (participan menos, lo hacen en jornadas laborales remuneradas más cortas y en puestos de peor calidad).

En este sentido, Angriman explicó que “la mayoría de las mujeres no puede acceder al mercado de trabajo porque no tienen dónde dejar a los chicos. En los barrios, las escuelas, las fábricas es necesario que permitan que las mujeres nos incorporemos al mercado de trabajo en igualdad de condiciones”. Y agregó que “es un derecho de los niños, porque la educación comienza a partir de los 45 días (para fomentar la socialización y la educación temprana). No alcanza que sea una decisión de los patrones”.

Gómez destaca el papel de los hombres en la crianza de los niños y afirma que “los varones deben participar y colaborar con el cuidado y las decisiones sobre el bebé, dónde dejarlo, al cuidado de quién, etc. También debe apoyar a su compañera para que pueda hacerlo con tranquilidad y sin culpas”. Y Aquino, por su parte, sostiene que, si bien los jardines maternales fueron creados especialmente para la mujer trabajadora, en la actualidad, con la transformación de las familias, se reconoce este beneficio también a los varones con hijos: “la mayoría de los convenios colectivos de trabajo no contemplan expresamente al trabajador varón, pero las empresas aplican análogamente la norma convencional para este universo de empleados”.

 

Una decisión del Estado

“Desde el Estado no hay ninguna política que contemple la negociación colectiva. Esto debería ser negociado con las empresas, pero el Estado no propicia la negociación, no genera políticas, ni intenta que se negocie en los convenios colectivos”, sostiene Angriman. Gómez coincide: “el Estado es quien puede cambiar las leyes y exigir a las empresas y también en las oficinas públicas, hospitales, etc., que tengan guarderías y jardines maternales. Esta debe ser una decisión política y se deben destinar los recursos económicos para lograrlo. Luego, queda en cada familia decidir cuándo volver o no a trabajar, pero sin entrar en un dilema imposible. Dejemos de ser una sociedad esquizofrénica y con dobles mensajes”.

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Autor
Alfredo
Hola mi gente latina
05.01.2013 09:10 (05.01.2013)
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