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La caza de brujas sigue existiendo

La era de la modernidad, de la revolución tecnológica, de los avances científicos y del progreso no ha llegado a Papúa Nueva Guinea, un conjunto de islas situadas al norte de Australia. Al contrario, sus habitantes siguen anclados en las tradiciones más arcaicas y en unas profundas creencias religiosas más propias de la Edad Media que del siglo XXI en el que viven.

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El auge de la minería de oro en la región y la apertura a grandes empresas no ha supuesto un salto en el tiempo, sino que al contrario ha profundizado en las convicciones primitivas. La caza de brujas es una realidad en el país, donde las mujeres son muchas veces torturadas lo indecible hasta la muerte.

La mayor parte de la población de Papúa Nueva Guinea (un 80%) vive alejada de los núcleos urbanos por lo que siguen fuertemente arraigadas las creencias populares. Y culpar a las mujeres de brujería en casos de enfermedades o de la muerte natural de una persona es moneda común.

Solo en la provincia de Simbu, en el centro del país, fueron asesinadas unas 200 mujeres en un año, acusadas de practicar la magia negra. Pero la población no se contenta solo con las muertes, las víctimas también sufren una lenta y dura agonía en forma de tortura, que incluye ser desnudadas por la multitud, marcadas con hierro candente hasta que confiesan ser brujas, ser cortadas con machetes y finalmente ser arrojadas por un acantilado o quemadas vivas ante una multitud enfurecida que grita ‘bruja, bruja, bruja’ repetidamente.

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Un ejemplo, de los cientos que ocurren en el país, es el de una mujer llamada Dini Korul, que fue acusada de usar magia negra para matar a su hijo Bobby, de 22 años, que había fallecido de una infección de estómago. Fue arrastrada por los amigos a una pocilga donde fue torturada con machetes y barras de hierro caliente. Sobrevivió, pero tuvo que pasar 10 meses en el hospital sin ningún tipo de ayuda de las autoridades.

Kepari Leniata, una madre de 20 años, es otro triste caso. Fue acusada de brujería después de que un niño de 6 años muriese en un hospital local. Kepari fue torturada por la familia con barras de hierro calientes hasta que confesó ser una bruja. Después la llevaron a un vertedero, la rociaron con petróleo y la arrojaron a una pila de neumáticos en llamas, mientras que la multitud bloqueaba la llegada de policía y bomberos que querían intervenir.Dos jóvenes durante una celebración tribal en Papúa Nueva Guinea (Getty)

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Un misionero que ha vivido 40 años en Papúa Nueva Guinea contó a The Global Mail que los ataques son más violentos en los últimos tiempos. Antes, los habitantes se limitaban a sacrificar a un cerdo para alejar los malos espíritus, pero ahora a quiénes se sacrifica es a mujeres inocentes -a veces también hombres aunque en muy baja proporción-  que no han hecho absolutamente nada.

Y es que mientras el mundo entero presume de estar comunicado en apenas unos segundos, un pequeño país en medio del Pacífico languidece con unas tradiciones que ponen los pelos de punta a cualquiera.

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02.15.2014 11:28 (02.15.2014)
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