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La heroina Vicki,profesora que salvo a sus niños

El viernes, Victoria Soto oyó disparos en la escuela de Newtown, Connecticut, donde trabajaba como maestra de primer grado. Su primera reacción fue esconder a sus estudiantes –o ”my kids”, como los llamaba– en los armarios y las alacenas de la clase. Poco después, Adam Lanza entró a la habitación, preguntó dónde estaban los niños y Vicki, aterrorizada pero lúcida, respondió que estaban en el gimnasio.

Lanza, que venía de matar a varias personas y niños en los minutos anteriores, desconfió. Apuntó con su rifle semiautomático hacia uno de los gabinetes y disparó una ráfaga. Vicki, que había saltado para interponerse en el camino de las balas, murió en el acto. según la reconstrucción que pudo hacer la policía. Los más de diez niños escondidos en los armarios oyeron todo, pero sobrevivieron.

Vicki Soto está siendo homenajeada en estos días, merecidamente, como una heroína, que prefirió poner a salvo a sus estudiantes de cinco y seis años de edad antes que ponerse a salvo a sí misma. Pagó esta decisión con su vida. Después de un día de tristeza y frustración por la muerte de tantos niños (20) y la repetición de otra masacre evitable y sin sentido, una de las pocas historias positivas del día fue la del heroísmo de Vicki.

De lo que se ha hablado menos hasta ahora es de la condición de latina de Vicki Soto. La familia no ha dado hasta ahora muchos detalles sobre su origen, pero sí se sabe que su padre se llama Carlos y que trabaja como operador de una grúa para el Departamento de Transporte de Connecticut. Su madre, Donna, trabaja desde hace muchos años como enfermera en el hospital de Bridgeport. Vicki, de 27 años, vivía con ellos en una casa modesta en Stratford, no muy lejos de la escuela de Sandy Hook.

Los medios de comunicación anglosajones apenas mencionan la posibilidad de que Soto sea hispana, y los medios latinos (en español o en inglés) lo sugieren o lo usan para titular, pero no se atreven a ir más allá. Por un lado, es lo más lógico: no hay información suficiente para saber si Victoria Soto, pese a los rastros que sugieren su nombre, su apellido y su piel aceituna, se definía como latina o hablaba español.

Pero, por otro lado, hay otra cuestión, más importante: es absolutamente irrelevante en estos días si Vicki Soto era o no latina. Los retratos que han surgido de ella desde el momento de la masacre la describen como una persona muy involucrada con su comunidad, que había ido a la universidad en la misma región y que se mantenía cerca del lugar donde había crecido. Para los miembros de sus comunidades de Stratford y Newtown, la latinidad (o no) de Soto no era la parte más importante de su identidad. O quizás ni siquiera era una parte importante.

Los homenajes de estas horas, que dan poca relevancia al origen de Soto, quizás representen una una hoja de ruta sobre el camino que espera a las familias latinas en Estados Unidos. Una pregunta que uno podría hacerse en este momento es: ¿les gustaría a los activistas latinos que fuera presentada como una “maestra hispana”?

¿O les parece bien que su identidad étnica aparezca diluida o disimulada? Es una pregunta difícil de responder. Pero sí parece más claro que en el futuro habrá más Vickis: más personas de origen latino lanzadas al centro de la escena nacional de quienes apenas se mencionará ese origen. Y estará bien que así sea.

El “orgullo latino” de otras décadas, que tanto bien hizo para proteger y dar autoestima a millones de inmigrantes que a veces no se sentían bienvenidos en su nuevo país, está complementándose (y deberá hacerlo cada vez más) con una identidad que asume tanto la mezcla como la diferencia. De eso se trata esa bendición de doble filo llamada “asimilación”: de intentar equilibrar el deseo de pertenecer en igualdad de condiciones a la sociedad estadounidense; y el deseo de mantener una identidad heredada de varias generaciones.

Dos tendencias, sin embargo, están acelerando este proceso hacia la asimilación: la disminución de la inmigración en los últimos años y la creciente potencia electoral de los votantes hispanos. Si el presidente Barack Obama firma, como ha prometido, una reforma inmigratorio el año próximo, este camino habrá dado otro paso. A medida que pasen los años, los latinos jóvenes tendrán menos incentivos para exagerar o proteger su condición de latinos.

En un Estados Unidos cada vez menos blanco, donde muchísimos niños tendrán identidades líquidas, difíciles de definir en un formulario, habrá cada vez más Vickis. Es decir, personas que probablemente se sientan orgullosas de su legado pero que se definirán a sí mismas sobre todo como miembros de sus comunidades, ciudadanos igual de especiales que cualquier otro.

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SuperTigeroLIVH
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12.17.2012 13:47 (12.17.2012)
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