Descripción
Las discusiones afectan a los niños a cualquier edad y de distinta manera

 

Los padres y sus discusiones


 

Cuando hay muchas discusiones y conflictos de pareja, se debe decidir si lo mejor es terminar con la relación o enfrentar los problemas.

Los hijos no tienen el derecho a opinar sobre las discusiones de pareja, pero se ven afectados por ellas. Ahí radica la importancia de tomar acciones cuando las discusiones son constantes o imparables.

En Perú, el Instituto de Ciencias para el Matrimonio, conocido por las siglas FARMILIA, desarrolló un estudio sobre los efectos de las discusiones de los padres en los niños.

De acuerdo al estudio, las discusiones de los padres afectan más a las niñas. Pero pese a que son ellas quienes sufren con mayor intensidad, los niños también se ven afectados por las discusiones y conflictos de pareja.

Por otro lado, pudieron determinar que el 50% de los niños de Perú analizados manifiestan un profundo temor a que las discusiones de los padres acaben con la relación y el divorcio sea inevitable.

El estudio remarca la necesidad de que los padres sepan que están siendo ejemplo para las futuras relaciones de pareja que tendrán sus hijos.


 

Al niño de cualquier edad le asusta mucho ver discutir a sus padres. Siente que pisa un terreno poco firme y eso le produce nerviosismo, tristeza e inseguridad. Pero veamos cómo manifiesta su temor y su angustia en las diferentes etapas del desarrollo.

0-18 MESES

Cuando aún no habla, se muestra irritable y nervioso después de la discusión, tiene dificultades para conciliar el sueño y se despierta a menudo por la noche. Incluso aunque los padres hayan hecho las paces, él desconoce el alcance de la discusión y siente su mundo inestable.

18 MESES - AÑOS

A partir de los 18 meses toma conciencia de la repercusión de sus actos y puede ponerse a llorar o a gritar durante la discusión. Adopta esta conducta tan llamativa para acaparar la atención de sus padres e intentar que dejen de reñir.

A PARTIR DE 3 AÑOS

Cuando es más mayorcito puede protestar por tener que acudir a la guardería o al colegio. Piensa: “¿qué pasará si no estoy?” y se erige como guardián de la estabilidad de su casa.

También son habituales las regresiones a etapas anteriores, adoptando comportamientos que ya tenía superados, como hacerse pis en la cama o chuparse el dedo. Y los desajustes con la comida, señal de cierto rechazo ante los actos sociales.

Para intentar evitar estas consecuencias la pareja debe aprender habilidades paramanejar las discrepancias y llegar a acuerdos (¡siempre a solas los dos!) sobre los temas importantes. Sólo así podrán ofrecer al pequeño el entorno de tolerancia y respeto mutuo que, seguro, desean para él.

 

 

 

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Betzy
betzyvj
01.26.2013 05:50 (01.26.2013)
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