Descripción
Niños en la casa

Guillermo es diferente de su prima Claudia, quien, con ocho años, ha empezado a quedarse algunos ratos sola en su casa, mientras su madre sale a comprar alguna cosa. Y le gusta mucho. Cuando a la media hora vuelve, siempre le parece que ha tardado poco. Sin embargo, Guillermo, que es un año mayor, prefiere que le cuide su canguro. Es un niño de gran imaginación. En pleno día, imagina todo un mundo de grietas en el suelo, de ruidos en las tuberías, de chirridos en la puerta de la entrada. No quiere quedarse solo porque su mundo de fantasía le invade y le parece incontrolable.

Aceptar quedarse solo en casa significa ser independiente, tener confianza en sí mismo y ser capaz de enfrentarse a cualquier imprevisto durante el tiempo en que el adulto permanece ausente. Si el niño es suficientemente autónomo, la presencia tranquilizadora de sus padres sigue estando en casa, incluso cuando no se encuentran en ella. 

chicos-solos1.jpg



Síntoma de madurez

El psicoanalista inglés Donald Woods Winnicott sostiene que la capacidad de estar solo muestra un logro en el desarrollo infantil, relacionado con la madurez emocional. Este desarrollo implica una primera etapa en la que estuvo presente la madre, o una persona que se identificó con el niño, hasta tal punto que le hizo sentirse seguro. La inmadurez del yo del niño en esos primeros momentos de su vida es equilibrada por el yo de la madre. Con el paso del tiempo, el hijo incorpora a la madre como una representación mental que le cuida, incluso cuando ya no está, y de este modo se vuelve capaz de estar solo. 

A este punto se llega pasando por etapas intermedias en las que puede permanecer solo estando la madre cerca. Esta autonomía se construye a través de una paradoja: la de experimentar la soledad mientras alguien está presente. Si a un niño se le deja solo antes de haber construido esa capacidad, se le provoca una experiencia de enorme sufrimiento, con efectos potencialmente traumáticos. Un niño puede quedarse solo en su casa, en el parque, puede incluso viajar solo cuando ya ha podido construir en su mente la imagen de una figura confiable y protectora que lo acompaña.

La autonomía es un proceso que comienza a gestarse con las primeras experiencias de separación infantiles (por ejemplo, el destete, el comenzar a andar, el control de esfínteres, el ingreso en la guardería o el colegio...). Entre los ocho y 10 años, el niño suele plantear que no tiene inconvenientes de quedarse un rato solo ya sea en la casa, en la calle o en lugares conocidos. Si a los 12 años no puede hacerlo, habría que investigar qué le sucede, pues tiene dificultades para madurar. En este proceso de construcción de su identidad, el niño tiene que ir armando categorías psíquicas que le permitan discriminar lo íntimo y lo privado de lo público. Nos referimos a que pueda ir reconociendo la necesidad de tener algunos pensamientos secretos, ciertos objetos de uso exclusivo, respeto al pudor sobre su propio cuerpo y la necesidad de permanecer a solas durante intervalos cada vez mayores. 

Puntos vulnerables

Sus referencias cotidianas le ayudarán a vivir su soledad momentánea: vecinos disponibles, padres fácilmente localizables. En el momento oportuno de su madurez, el niño aprecia esta suerte inesperada de vivir solo, a su ritmo, sin nadie que le diga lo que tiene que hacer. Si él lo solicita y a sus padres les parece razonable, los padres pueden darle una oportunidad. Si por el contrario, estiman que es demasiado pequeño o demasiado insensato, conviene esperar. 

Si es un poco asustadizo, tendrá miedo a la soledad, ya que, al estar solo, los antiguos miedos irracionales infantiles pueden invadirle. Miedo a la oscuridad o a los ladrones, angustia de ser abandonado por sus padres, entre otros. Sus temores son el signo de su vulnerabilidad interior, de su dependencia de los mayores y, quizá, de separaciones anteriores mal resueltas (destete difícil, abandono precoz del peluche, entrada prematura en una educación infantil, vacaciones demasiado prolongadas en un campamento...).

Durante la noche, el problema aumenta todavía más porque las referencias habituales cambian. La tranquilidad del ambiente (silencio, inmovilidad, soledad) resalta los ruidos sospechosos y la vida interior se hace más presente. Allí habitan fantasías y deseos que pueden dar miedo.

Los casos más complicados se dan siempre con los niños que no saben decir que no a sus padres y aceptan quedarse precozmente solos, para no decepcionarlos, para agradar y parecer, a sus ojos, más valientes de lo que en realidad son.
 Este mismo tipo de niños, muy poco decididos, no serán capaces de marcar un número de teléfono de urgencia para pedir ayuda o recurrir a sus vecinos, si tiene necesidad de ello, por miedo a molestarlos. En estos casos, es evidente que los padres deben dar prioridad a la seguridad psíquica de su hijo. No pueden dejarle solo durante el día, y menos aún por la noche. 

gvrffdd.jpg


Evitar errores


  • No hay que pedirle al niño que se quede solo, pues podría aceptarlo para complacer a sus padres; nunca hay que ejercer ninguna presión psicológica o afectiva. Si a los 10 o 12 años se niega, es porque no sabría enfrentarse a una situación difícil. Se puede sentir invadido por miedos y angustias que le inutilizarían desde la partida de sus padres. Peor todavía: no sabría dónde localizarlos, inmovilizado por el pánico.
  • Tampoco conviene dejarle solo, aunque lo pida y se trate de un niño muy independiente, antes de los siete u ocho años, pues los padres se arriesgan a que cometa alguna insensatez. Todavía es demasiado pequeño. 
  • Si, cuando los padres llegan, está esperando tras la puerta, es que lo ha pasado mal, aunque haya estado con una cuidadora. Conviene entonces revisar la relación con ella. Los niños no deben quedarse con alguien que no es capaz de hacerles sentirse seguros.



¿Qué podemos hacer?

  • Durante el día, se puede comenzar con breves salidas a la calle, para dar un poco de autonomía al niño (desde los siete u ocho años). No hay que olvidarse de cerrar las habitaciones con más peligro, como la cocina o el balcón.
  • Cuando el hijo mayor está en casa, todo es más fácil. Si se niega a cuidar a su hermano, es que no se siente capaz o tiene miedo a las posibles peleas que pudieran acabar mal. En este caso, lo mejor es llevarse al pequeño.
  • Los padres deben decirle siempre adónde van; la situación le parecerá más tranquilizadora si puede imaginar a sus padres en un lugar concreto o en casa de alguien conocido.
  • Hay que dejarle a mano el número de teléfono donde puede localizar a los padres (de la casa de los amigos, del móvil o el del restaurante). También hay que decirles la hora de llegada para darles seguridad.

FUENTE: Mujerhoy.com

Fotos
Comentarios
Ordenar por: 
Por página :
 
  • Aún no hay comentarios
Artículos Relacionados
La Diva del Bronx cautivó con su presentación y retornó a los escenarios con su primer álbum en dos años
04.08.2016 · De tugentelatina
Diseñar y construir una casa por tu cuenta podría parecer una experiencia sin pies ni cabeza. Para un grupo de arquitectos en Taiwán, sin duda, lo fue. Mira el resultado.
02.25.2016 · De tugentelatina
Sean Penn no es solo conocido por ser un gran actor, también es conocido por las sexys mujeres en su vida.
08.17.2015 · De clismad
En YouTube, se ve cómo conductores de Minnesota cuidaron de no atropellar a un pato que pasaba con sus crías por la carretera
07.24.2015 · De Claudia_fb2
Si alguna vez has vivido o viajado durante una temporada lejos de casa, seguro que te sientes identificado con estas 10 cosas que cambian cuando vives en otro país.
07.22.2015 · De Claudia_fb2
Autor
07.12.2013 14:23 (07.12.2013)
1088 Vista(s)
0 Suscriptor(es)
Calificación
1 votos
Recomiendalo