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No me Gusta La Navidad

¿Todos eufóricos por la llegada de la Navidad? ¡No estés tan seguro! Aunque algunos no ven más allá de los regalos y el pavo, otros se enfrentan a las fechas navideñas con verdadera angustia. Sarah Serievic, psicoterapeuta y especialista en psicodrama, nos explica y desdramatiza el tema.

Los escaparates centelleantes, los decorados árboles de Navidad y la fiebre de las compras no gustan a todo el mundo. Si hay gente que se vuelve loca con los preparativos, también la hay que no piensan más que en cómo escapar de ellos. “La angustia del rencuentro con una familia de la que nos sentimos diferentes es más frecuente de lo que creemos”, apunta Sarah Serievic. Además, la Navidad viene acompañada de la idea de familia ideal que se reúne en un ambiente de paz y felicidad, a pesar de que no siempre es el caso…

Infancia compartida

Como no podía ser de otra manera, la Navidad nos trae recuerdos de nuestra infancia. El éxito de las fiestas depende, por una parte, de nuestros recuerdos, y por otra, de la relación que mantenemos con nuestra familia. “Reunidos alrededor de la mesa de Navidad, algunos padres siguen tratando a sus hijos como si fuesen niños y/o sometiéndolos a sus exigencias”, confía nuestra especialista. Una situación que puede resultar inaceptable para ciertas personas y que terminan por resignarse muy a su pesar diciéndose que “a su edad, no van a cambiar”.

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Acceder a festejar la Navidad un tanto a regañadientes no sería pues de extrañar. Cabe decir que dada la imagen de convivencia y armonía que nos envía nuestro inconsciente colectivo, estas fiestas representan cada vez más a un desafío para más gente. Y, por si fuera poco, los medios de comunicación amplifican al máximo la magia y la felicidad (como excusa para incitar al consumo, claro) de estos últimos días del año. Resultado: ¡la presión aumenta!

Soledad y culpabilidad delante del árbol de Navidad

“¿Por qué todo el mundo respira felicidad por sus poros menos yo?” Cuando nos hacemos esta pregunta, es fácil que un sentimiento de aislamiento y de culpabilidad se apodere de nosotros. Muchos factores pueden contribuir a este cuestionamiento. Una fiesta para todas las generaciones como es la Navidad no tendrá la misma repercusión si sigues soltero, si no tienes hijos o si acabas de tenerlos y se te cae la baba. La situación profesional también influye. “Cuando nos sentimos vulnerables por algo, cuando surgen celos o rivalidades entre hermanos, es totalmente razonable sentirse incómodo”, asegura Serievic. La Navidad nos enfrenta todo lo que tenemos pendiente y eso genera angustia. Sobre todo cuando la familia no demuestra apoyo ni ayuda a la reconciliación.

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Navidad: ¿obligación o fiesta?

El gran ritual festivo puede resultar bastante poco reparador. Y, por encima, tus ansias de felicidad no son más que papel mojado. Más que a un feliz encuentro, te sientes invitado a una ceremonia obligatoria en la que tienen lugar diferentes ajustes de cuentas. Resultado: más que disfrutar de la compañía de la familia, te mueves con cautela y evitas a toda costa los temas más delicados. Pero, ¿por qué es tan difícil? “De niños, a veces nos sentimos obligados a ocupar un cierto papel para sentirnos queridos. No siempre resulta fácil liberarse de esa carga”, explica Sarah Serievic. Sobre todo si la inmersión familiar reactiva emociones mal digeridas. Consecuencia: más frustración que felicidad.

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12.18.2013 14:22 (12.18.2013)
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