Descripción
Salecia Johnson, una delincuente con dientes de leche

Salecia Johnson entró a clase el viernes pasado como un día normal y salió de allí entre dos policías y con las manos esposadas a la espalda. Esta niña de seis años fue detenida en Milledgeville, una ciudad de unos 18.000 habitantes a un centenar de kilómetros de Atlanta (Estados Unidos), por cometer el peligrosísimo crimen de… sufrir un berrinche.

Como pataleta, es cierto es que estuvo por encima de la media: empezó a lanzar objetos que había en las paredes (como libros y juguetes), tiró una estantería que aterrizó en la pierna del director de su colegio, saltó sobre una trituradora de papel e intentó romper un cristal. Sin embargo, como crimen deja mucho que desear: no hubo más víctimas que los objetos que recibieron su ira infantil y aun así el profesor decidió llamar al director y éste a la policía para que la detuvieran como si hubieran encontrado a un capo mafioso, por mucho que no se le imputara ningún cargo por ser demasiado joven.

Antes, bien es cierto, los agentes intentaron aplacarla en el despacho del profesor, pero la niña se negó (o "se les resistió", como muy épicamente lo pintaron ellos) y tuvieron que esposarla y llevarla al coche de policía. Geneva Braziel, la superintendente escolar del condado de Baldwin tildó su comportamiento de "violento y disruptivo".

De hecho, Braziel pareció ver en el berrinche una seria amenaza a la integridad física de quienes rodeaban a la niñita, porque días más tarde aseveraría en un comunicado: "El departamento de policía de Milledgeville fue llamado en última estancia, para asegurar la seguridad de la estudiante, sus compañeros y el personal del colegio".

Lo de esposar a una niña de seis años de camino al coche patrulla es de una elegancia negociable, pero el jefe de policía, Dray Swicord, dijo que así es la política interna del departamento, que comprende de leyes pero no de edades: "Hay que esposar siempre a los detenidos por su propia seguridad y por la de los agentes".

También sirvió para que la niña pasara por la experiencia de sentirse una criminal antes de llegar a la pubertad. Cuando su tía, Candance Ruff, fue a buscarla con su madre, se encontraron a la facinerosa de metro y medio encerrada en una celda y quejándose, como una profesional, de las esposas. "Las tenía muy apretadas y le hacían daño en las muñecas", dijo su tía. "Estaba de lo más asustada".


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LauraX
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01.21.2013 19:35 (01.21.2013)
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