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Se vuelven 'expertos' en tecnología para estar en contacto "Los abuelos"

Cuando mis padres compraron sus primeros teléfonos celulares, hace 10 años, nunca pensé que aprenderían a utilizarlos. Mi mamá contestaba mi llamada desde el principio de la fila en Starbucks y decía “hola querida, sí me llevaré el alto gracias, qué pasa, ¿James tienes efectivo?” todo en un solo aliento. Mis favoritos eran los mensajes de texto aleatorios, de una palabra como “yo” o “pronto”.

Pero las cosas han cambiado. En estos días mi mamá me envía mensajes de texto que dicen: "¿chat por video en 5?" (inserte emoticón sonriente).

Por supuesto no es a mí a quien quiere ver en la ventana de chat en la pantalla de su computadora. Es a mi hija de dos años, Kylie.

Los videochats se han vuelto una rutina cuando mis padres están en su casa en Maryland, Estados Unidos. Papá recogerá objetos coloridos (una figura de Buzz Lightyear, un sombrero, un alimentador para pájaros) y los moverá hacia el pequeño lente de la cámara de la computadora, lo que hace que Kylie de un grito agudo o diga, “¿qué es esa cosa divertida, abuelo?” y mamá sostendrá un atuendo que compró para su nieta para ver si lo aprobamos (normalmente lo hacemos).

Mis suegros poco a poco también ingresan a esto. Ya que no pudieron asistir a la primer fiesta de cumpleaños de Kylie, nos vieron desde las laptops que pusimos hasta arriba de los estantes de libros. Desde sus casas en Victoria, British Columbia, Canadá, y la remota Isla Pender, también en Canadá, vieron a Kylie meter su pequeña mano en el glaseado blanco de su pastel mientras todos cantaban feliz cumpleaños. De vez en cuando, mirábamos hacia arriba, saludábamos o levantábamos una copa de champagne.

Mis padres se apresuraron a entender la tecnología realizando Hangouts en Google+ cuando mi esposo (quien, en plena revelación, trabaja para Google) los sugirió como una opción más fácil para que tuviéramos chats en línea cara a cara. Ahora enseñan a sus compañeros baby boomers (nacidos entre la década de 1940 y 1950) en Londres y Australia cómo utilizarlo, con varios niveles de éxito.

Mamá ahora es más hábil al navegar en Apple TV que yo; cuando cuida a Kylie y le hace una petición (léase: demanda) para ver Twinkle Twinkle en YouTube, mamá la pondrá en la pantalla de la televisión más rápido de lo que puedas decir, “Santo salpullido en el pañal”.

(Eso sí, Kylie descifra todo esto así de rápido. Sabe que presionar el botón de apagado de la laptop termina con un chat que considera se pone aburrido; es adorable cuando estás en la habitación con ella, no es tan divertido cuando te cuelga).

Para los abuelos que están en línea (y en un estudio reciente de Pew se sugiere que el 53% de los adultos estadounidenses de más de 65 años lo están, con uno de cada tres de esos adultos en redes sociales), vivir lejos de los nietos no significa nunca verlos.

Margie Tucker de 62 años, de Voorhees, Nueva Jersey, en Estados Unidos, dice que temía que ella y su esposo, Steven, fueran extraños para su nieto de cuatro años porque él vive en Denver. Así que ingresó a Skype.

“Mi familia se reía de mí, porque cuando (mi nieto) sólo comenzaba a moverse, estaba feliz al sentarme y observarlo sin ningún diálogo”, dice Tucker.

“Lo vimos aprender a montar su bicicleta, jugar con la pelota, aprender a escribir su nombre, jugar con sus camiones… a menudo comemos juntos, aunque donde están son dos horas menos que aquí”.

Y no olvidemos las maravillas de cuidar virtualmente.

“Mi hija es madre soltera, así que incluso mantengo (a mi nieto) ocupado durante algunos minutos mientras hace la cena o pone una carga de ropa en la lavadora”, dice Tucker. “Me gusta mi iPad porque es tan portátil y fácil de utilizar. Le muestro un bicho interesante en nuestra terraza, cómo se ve la nueva alfombra, y cuán alta está la nieve en nuestra casa. Mis propios hijos fueron criados con abuelos a larga distancia, y hay poca comparación con las ventajas que tenemos ahora”.

Kathryn Barker de 65 años, de Redding, California, en Estados Unidos, es activa en Facebook, Twitter, Pinterest, Instagram, y tiene su propio blog. Y a pesar de su renuencia inicial, toma los mensajes de texto como una forma de mantenerse en contacto con dos de sus nietos, de ocho y 10 años, que están fuera de la ciudad.

“No puedo lograr abreviar palabras, y es difícil para mí ignorar la puntuación incorrecta”, dice. “Pero cedo a no poner mayúsculas en las palabras. Aún le falta destreza a mi pulgar”.

Barker también intentó con Facetime para hacer video llamadas y señala que sus nietos nunca comentan sobre su voluntad tecnológica. Probablemente, dice, esperan que todos conozcamos tanto como ellos o más.

A veces me pregunto si es extraño para mis padres ver a su nieta desplazarse como una experta en las fotografías en mi iPhone. Después de todo, me impresiona. Aunque internet me ha llevado de la mano durante mi vida adulta, mi niñez estaba desprovista de artilugios (a menos que cuentes la consola portátil de Pac-Man por la que mi hermano y yo solíamos pelear).

Lance Ulanoff, editor en jefe en Masahable.com, se refiere a la generación clave en proliferación tecnológica como “nativos digitales”.

“Son personas que dentro de los próximos cinco años entrarán a la etapa adulta, y quienes sólo conocen la experiencia digital”, dice. “Es completamente natural para ellos compartir todo. Es natural para ellos esperar que lo que ven en una gran pantalla lo vean en una pantalla pequeña, tener acceso a cada pedazo de información que necesitan en la palma de sus manos. No se imaginan otra cosa más que eso. Esas son las personas que van a transformar la sociedad”.

Por ahora, los nietos y padres harían bien en tomar ventaja de algo a lo que los baby boomers aún parecen aferrarse; el balance.

Aunque pueden adoptar la tecnología para permanecer incluidos y porque lo disfrutan, también son grandes fanáticos de desconectarse.

Tucker dice que ocasionalmente aún escribe cartas en papel para enviárselas a su nieto en Denver y lo vista cada vez que ella y su esposo pueden. Y cuando mis padres pasan tiempo en Nueva York, le llevan a Kylie plastilina, crayones y libros. Su abuelo la lleva al parque y la empuja en el columpio, mientras su cabello vuela en 10 direcciones diferentes.

Ya sabes… cosas que no necesitan un interruptor para prender y apagar.

 

Fuente:Shanon Cook

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