Descripción
Ten una familia amorosa

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Tu familia, como cualquier familia de toda cultura y sociedad, es por antonomasia un gran valor en sí misma, pero a la vez es auténtica fuente de valores de gran trascendencia para los demás. Dentro de la misma, con base en la convivencia diaria, se van definiendo y aprendiendo las lecciones más importantes de la vida.

Para que la familia logre su objetivo de amar y enseñar a los seres humanos lo que es el amor, debemos redescubrirla como fuente genuina de felicidad, como santuario donde se aprende y se vive todo aquello que nos lleva a tocar de frente la verdadera realización personal.

Ser y amar
El modelo de subsistencia y convivencia que los medios masivos de comunicación, la cultura y la contracultura de hoy nos presentan, es ligero
y simplista, y aunque atractivo, es limitante y limitado. Es una propuesta de coexistencia hueca, egoísta y tremendamente individualista, en la que se nos invita a buscar a cualquier precio, el placer, el poder, el parecer y el poseer. Lo demás (es decir, lo esencial) sale sobrando.

Ante esta perspectiva tan tasada y torcida de lo que realiza plenamente al ser humano, tú y yo corremos el riesgo de quedar atrapadas en este afán desmesurado por poseer y gozar, olvidando el ser y el amar.

Podemos dejarnos llevar por criterios superfluos que logren hacernos sentir que la familia es una carga o una tarea y no un privilegio que arropa el alma. Cuando nos adherimos a una desenfrenada búsqueda de hedonismo particular, dejan de cobrar sentido conceptos de valor universal como son la fidelidad, la generosidad, la paciencia, la tolerancia. Conceptos tan básicos como son la alegría, la entrega, el apoyo y por supuesto, el sacrificio y el amor. El problema es que de estos componentes se conforma la familia, la felicidad y la vida misma.

El hogar: el sitio ideal
En muchos hogares, sin ni siquiera advertirlo, hemos sustituido el amor por el egoísmo y el cariño por el confort. No es difícil encontrar casas cada vez más grandes y lujosas, llenas de ropa, bolsas, zapatos de toda marca y muebles preciosos, pero vacías de ternura, compañía y solidaridad.
Casas donde cada quien con base en un egocentrismo refinado, busca tan sólo su propia satisfacción, sus planes y sus horarios, intentando vivir y disfrutar al máximo cada instante sin que nadie se moleste en ayudarse, acompañarse o sonreír. Estamos inmersos en una teoría de irresponsabilidad donde leemos entre líneas un mensaje que grita: “haz lo que te guste sin detenerte a ver a quién dañas, y si hay algo que pagar después, alguien lo pagará por ti, probablemente comprando esto o lo otro”.

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Vacía de contenido, la sociedad padece grandes males. Cuando vemos un mundo afectado donde parecemos no encontrar respuestas ni esperanza, cuando asusta pensar en el devenir, en la falta de rumbo de la juventud, en la truncada inocencia de la niñez y la cruel ausencia de cariño en la ancianidad, cuando parecería que no hay de dónde agarrarse o cómo defenderse para no sumirnos en un terrible aislamiento y soledad, como foco que ilumina las tinieblas, emerge la familia.

Aparece como nuestra mejor arma, la familia es, ha sido y será la respuesta, el ancla, el faro, la solución. Es dentro de su santuario sagrado donde niños, jóvenes y adultos aprendemos a amar y a ser amados. Es donde se respira y se vive en primera persona lo que es el amor sincero y genuino que conlleva altas dosis de sacrificio y entrega de los demás. Es el sitio ideal para valorar el arte de ceder, para conocer el poder de la ayuda mutua y el goce de la complicidad. Es campo sublime para sembrar con ternura y cosechar con perdón.

El patrimonio más valioso
Dentro del seno familiar se gesta, se educa y se transforma cada ser humano, se torna imperante cuidar de nuestras familias. La familia es el patrimonio más valioso de la humanidad. Se vuelve indispensable fortalecerla y defenderla, apreciarla y celebrarla de manera seria y responsable, viviendo un código de ética no impuesto, sino asumido, un código de valores para la vida, respirado de modo natural.

A todos nos interesa que en este mundo haya bondad, justicia e igualdad. A todos nos gusta tratar con seres humanos nobles, honestos y entregados, responsables, sanos, equilibrados. Si queremos un mundo digno, necesitamos buenos seres humanos, y éstos aprenden de la vida en la familia. Si queremos mantener lo que vale de esta humanidad, debemos cuidar, proteger y respetar el esplendor de la unión familiar.
Te invito a que hoy celebres por el simple hecho de tener familia, como quiera que ésta sea, como la recibiste y como la has construido con afán. Te invito a que con ilusión y orgullo aportes lo mejor de ti a la misma y a que con tu existencia digna proclames su grandeza como verdadera escuela de vida y cobijo para la humanidad.

Fuente obtenida de http://kena.com

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07.09.2013 23:52 (07.09.2013)
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