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True Blood, ni a tu peor enemigo

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Que se salve quien pueda. Ha vuelto con su sexta temporada True Blood, una serie de la que desde aquí nos bajamos hace tiempo y queno recomendaríamos ni a nuestro peor enemigo. La que nació en 2008 como una ficción arriesgada y emblemática de la HBO del nuevo siglo de la mano de Alan Ball (A dos metros bajo tierra) ha quedado ahora como cúmulo de vergüenzas y sinsentidos de la cadena. Ofrecemos cinco razones ya no para que dejéis de ver True Blood sino para que lo hagáis con conocimiento de causa y su consiguiente culpabilidad televisiva.

Vampirismo rosa

Maldecimos aquel día en que Alan Ball descubrió las novelas deCharlaine Harris en la consulta del dentista y se animó a hacer True Blood. Y no porque la saga literaria vampírica de la autora norteamericana sea el horror; al menos, 'Muerto al anochecer' y sus compañeras de estantería reformularon el universo de los descendientes de Drácula antes de la llegada de Crepúsculo. La cuestión es que, tras dos primeras buenas entregas, True Blood le perdió el punto al mix de novela rosa y acción vampírica que consagró Harris y convirtió la fórmula en un coñazo total.

'Protas' para no parar de llorar

El primer puesto en el ranking del personaje más odiado de True Blood está muy disputado. Los hay que desmembrarían a Sookie Stackhouse, aunque nosotros pedimos un estacazo de urgencia en el corazón para Bill Compton, el 'ahora sí, ahora no' novio de la susodicha, y Tara Thornton, su amiga desequilibrada. Sea por el material original, porque a los responsables se les fue la mano con el histerismo o porque las decisiones finales de casting se tomaron a base de tequila, no hay protagonista que se salve. Si acaso el 'fucker' de Eric y la genialérrima Pam.

La bruja de Logroño y otras tramas imposibles

Vale que True Blood sea muy loca y en la que lo cutre y la empalagosidad ganan por mil, pero la credibilidad humana tiene ciertos límites, incluso para los guionistas de 'La que se avecina'. Las dos primeras temporadas de True Blood nos la metieron doblada con el romance entre Sookie y Bill y las locas aventuras de sus vecinos, pero el resto de tramas son de vergüenza ajena, desde Antonia Gavilán, la bruja de Logroño que solo sirvió para crear un grupo de Facebook, a la vampira bíblica de Lilith. Y no por locas, ojo, sino por mal llevadas.

Me miro el ombligo

En algún momento se nos ocurrió decir que True Blood era una serie revolucionaria, una loca e influyente creación de HBO, probablemente durante sus únicas temporadas decentes, y ahora el karma se ha vuelto contra nosotros. No es solo una de las peores y más vergonzosas series de la actualidad, también la más sobrevalorada y la que más en serio se toma su éxito. La ilógica de los vampiros, hombres lobo y otra chusma de Bon Temps se ha pasado de lista y nos lo seguimos creyendo. True Blood ya no es una gilipollez disfrutable, es una gilipollez a secas.

Síndrome del culo gratuito

Que vivan las tetas necesarias de 'Juego de Tronos' y los abdominales constructivos de 'Arrow', pero no los culos de True Blood. ¿A cuánta gente habremos oído decir que solo sigue viendo True Blood por las nalgas de Anna Paquin y Ryan Kwanten? No es por ponernos mojigatos, pero si hay una serie en la que los desnudos son puro marketing es ésta. True Blood fue en su momento una de las ficciones más arriesgadas al respecto, incluso en la visibilidad del sexo homosexual, pero ahora que todo lo demás falla lo que queda es una peli porno de los 90.

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beyonce
Todo llega a quien sabe esperar
06.17.2013 13:30 (06.17.2013)
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