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Vision de la muerte sobre los mayas...

Para los mayas, el cuerpo del muerto tardaba cinco años en llegar a Xibalbá o el inframundo. Foto: INAH

Para los mayas, el cuerpo del muerto tardaba cinco años en llegar a Xibalbá o el inframundo.
Foto: INAH

REDACCIÓN TERRA

 


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Para los mayas, el cosmos se formaba por tres estratos: el cielo, que se componía de 13 niveles; la Tierra y el Inframundo o Xibalbá, de nueve

Para los antiguos mayas, cuando alguien moría lo que se desintegraba era el cuerpo, pues el alma subsistía para reintegrarse después a otro ciclo, explicó el arqueólogo Edgar Daniel Pat Cruz en el marco la mesa “La visión de la muerte entre los mayas”, organizada por el INAH-Campeche.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) informó que en su ponencia “La muerte y sus representaciones en la cosmovisión de la cultura maya”, Pat recordó que para los mayas el cuerpo del muerto tardaba cinco años en llegar a Xibalbá o el inframundo.

Después de ese tiempo, el espíritu se diluía y entraba por medio de un suspiro en la boca de una mujer embarazada para revivir en otro ser y así reiniciar un nuevo ciclo.

Ello, de acuerdo con investigaciones de epigrafistas sobre iconografía y estudios de tradición oral, que revelan que la diferencia entre la vida y la muerte para esta civilización, radicaba en la materia.

Los mayas, agregó, creían que el cosmos se formaba por tres estratos: el cielo, que se componía de trece niveles, la Tierra, y el Inframundo o Xibalbá, de nueve.

La tierra está situada entre el cielo y el Xibalbá, y es el sitio donde se da la contienda de la vida y la muerte, donde se producen el choque y la armonía de los contrarios, lugar sagrado entre los mayas, símbolo de la dualidad y origen de la vida y de la muerte al que sólo podían penetrar los representantes de los dioses en la Tierra.

La muerte, añadió, estaba asociada al inframundo, el caos, la oscuridad y la destrucción, mientras que la vida se vinculaba con el cielo, el orden, la luz, el sol, la creación y la racionalidad.

Esa ambivalencia se representaba a través de diversos elementos, como la Ceiba, que era el árbol sagrado de los mayas, cuya parte superior simbolizaba el cielo, mientras que la raíz era la entrada al inframundo.

“Otra representación que encontramos en su cosmogonía son los animales considerados portadores de la muerte, como el búho, que cuando cantaba la gente le tiraba piedras, porque se creía que su canto vaticinaba la muerte. Y lo mismo ocurría con los zopilotes, que se han podido identificar en diversos contextos arqueológicos, como cerámica o pintura mural”, comentó el arqueólogo.

Edgar Pat Cruz también se refirió a una idea que prevalecía entre los mayas, que era la existencia de portales hacia el inframundo, como las portadas de estilo zoomorfo de diversos monumentos, muy comunes en Campeche, que tenían representadas fauces de animales y se pensaba que al entrar ahí, se ingresaba al Xibalbá.

Además, habló sobre las características específicas de los contextos mortuorios, tanto de la elite como de la gente común, que se han encontrado en toda la península.

Como parte de esta concepción, permanece entre los mayas actuales la tradición de darle la bienvenida a las almas de los muertos, los días 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre, colocando altares con los alimentos que les gustaban a los difuntos. A esta milenaria tradición se le nombra como Hanal Píxan (comida de ánimas).

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Autor
Alejandro
El alma que puede hablar con los ojos, tambien puede besar con la mirada...
12.12.2012 17:36 (12.12.2012)
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